La Semana Santa es una de las manifestaciones religiosas que más fervor despiertan en el orbe cristiano, pero como todas las fiestas, que también lo es, trascienden al aspecto religioso. Quien la mire con fe puede discrepar sobre la afirmación que acabo de hacer, pero seguro que me entienden aquellos que como yo ven la Semana Santa desde el prisma de la tradición, del patrimonio material y  también del inmaterial.

Hoy escribo sobre la Semana Santa de Orihuela como quien que la cuenta desde un sentimiento más cercano a lo humano que a lo divino. Y eso es lo que voy a empezar a hacer ahora mismo. Espero que este post le sirva a alguien para disfrutar estos días más allá de las procesiones que llenan las calles, porque detrás de ellas hay una ciudad que cambia su devenir cotidiano y que, con la ‘excusa’ de esta celebración, brilla cada primavera. Si eres de Orihuela no creo que pueda ayudarte demasiado, pero si eres un vegaviajero que decide acercarse cualquier día, te planteo algunos planes con los que te faltarán horas para conocer la ciudad y por supuesto, su Semana Santa.

Alberto Aragón

Procesión de Las Mantillas. / Alberto Aragón

La de Orihuela se ha denominado en muchas ocasiones como la Semana Santa de los sentidos. Y si no la conoces comprobarás que lo es. Uno a uno los desgranaremos para comprobarlo.

Olfato. Es de perogrullo pero si, Orihuela huele a azahar en Semana Santa, al de los campos de cítricos que circundan la ciudad, los de la huerta que la rodea y que se disfruta alejándose apenas unos pasos del casco urbano.

 

Desde el Viernes de Dolores hasta el Domingo de Resurrección el olor de las flores que adornarán los tronos es intenso en el Museo de La Merced, donde se arreglan para salir cada noche en procesión y que se vacía, llevando ese aroma al Santuario de Nuestra Señora de Monserrate al que se traslada el Museo de Semana Santa durante toda la jornada de Jueves Santo y viernes hasta la salida de la Procesión General y que se mezcla con el olor de cirios a medio quemar.

 

El olor de la comida; la dulce, monas, chocolate, caramelos; la salada, el escabeche, el guiso de bacalao… También inunda las calles desde las cocinas de las casas.

 

Oído. No hay que esperar a la Semana Santa para regalarlo. Durante los días previos los dos grupos de Cantores de La Pasión llevan los sones evolucionados durante siglos a la calle. Cada noche y en especial, ya metidos en harina, en la de Jueves Santo. Antes tambores, cornetas, clarines y bocinas han ensayado los toques que anunciarán las procesiones, y las bandas de música ponen el broche primero en los pasacalles y después en las procesiones. En este punto me detengo para defender la música levantina frente a los aires andaluces que han llenado las procesiones en los últimos años. Ya se sabe que para gustos…

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Músicos en la procesión de Miércoles Santo. / Alberto Aragón

 

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Salida de la Procesión del Silencio. / Alberto Aragón

Vista. Por supuesto que aquí tengo que citar las obras de arte que las hermandades, cofradías y mayordomías de la Semana Santa oriolana atesoran, y que pueden verse en su máximo esplendor en las procesiones, pero por qué no, también como piezas de museo. Especial atención merecen las tallas de Francisco Salzillo, el Ecce Homo, Nuestro Padre Jesús de la Caída (ambas en procesión el Martes Santo) o San Pedro Arrepentido (Miércoles Santo), la misma que se le puede prestar a las obras de José Sánchez Lozano, creadas por el imaginero a imagen y semejanza de las del escultor barroco Salzillo tras su destrucción en la Guerra Civil. En este apartado resalta Nuestro Padre Jesús (Miércoles Santo). Pero por su singularidad destaca ‘El triunfo de la cruz’ de Nicolás de Bussy (1695), La Diablesa, que participa en la procesión del Santo Entierro en la tarde del Sábado Santo. ¿Por qué esperar a entonces? Si vienes antes (o después) la puedes visitar en el Museo San Juan de Dios, pero en mi caso me gusta ver este grupo escultórico donde la cruz triunfa sobre el mundo y el mal representado por el diablo con pechos de mujer y un esqueleto cuando los costaleros de la pedanía del Raiguero de Bonanza la exponen en la puerta del antiguo hospital antes de sacarla en procesión, un momento que permite ver a plena luz todos sus detalles.

 

Tacto. El de las vestas, terciopelos y rasos que se mecen al paso de quienes las llevan, el de los cirios, el de la mona áspera por el azúcar que la cubre y esponjosa en el interior, el frío metal de las cornetas o el paño de las capas españolas. La Semana Santa de Orihuela también se toca en los envoltorios de caramelo y en la piedra de las iglesias, espacios que por su valor patrimonial son merecedores de una visita desde la entrada por la Puerta de la Olma a Santo Domingo pasando por la Catedral, el Palacio Episcopal (Museo Diocesano de Arte Sacro), la Capilla del Loreto, abierta normalmente esos días y de donde sale la más corta de las procesiones que discurre en apenas unos metros, el templo de las Santas Justa y Rufina, el de Santiago y el de Monserrate, todos ellos monumentos nacionales en un casco histórico declarado Conjunto Histórico Artístico.

 

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Torrijas. / Alberto Aragón

Gusto. Lo he dejado para el último porque personalmente es el que más disfruto en unos días en los que la tradición manda no comer carne, y en el caso de Orihuela no es en absoluto necesario dado que la mayor parte de sus bares y restaurantes ofrecen manjares a base de pescado y verdura que cualquier paladar agradece. Y de postre, miel, azúcar, harina, merengue, chocolate, guirlaches, torrijas… Postres que cualquier confitería sirve a cientos durante cada día de la Semana Santa.

 

Repasados los sentidos y con la boca aún hecha agua no me queda más que hacer algunas recomendaciones para quien llega de fuera y por qué no, para quien es de Orihuela. El Museo Diocesano de Arte Sacro en el antiguo Palacio Episcopal es un espacio para no perderse en cualquier momento del año, incluida la visita a la Catedral donde suelen realizarse visitas guiadas. Además, de cara a los días de fiesta a partir de Jueves Santo, la Concejalía de Turismo ha preparado varias rutas, una ese mismo jueves al Santuario de Monserrate, con salida a las 10.00 desde la Oficina de Turismo y que dará a conocer los tronos e imágenes que salen en procesión; una segunda que visitará el Convento de San Francisco, donde se cuenta con una réplica tanto de la Sábana Santa como de otras reliquias que se conocerán en la ruta, y en la que se incluye degustación de dulces conventuales y actuación de los Cantores de La Pasión. Saldrá el Viernes Santo a las 11.00 y tiene un precio de 5 euros, y una tercera, el Sábado Santo a las 10.30 al Seminario, con visita a su interior y que también incluye degustación por 5 euros. Quienes estén interesadas en hacer cualquier de ellas deben reservar en la Oficina de Turismo o en el 965304645.

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Emperador de Los Armaos pasando revista a las tropas, en una imagen de archivo / Alberto Aragón

También desde el Ayuntamiento, en este caso la organiza la Concejalía de Cultura, el Jueves Santo por la tarde en San Juan de Dios se representará la obra ‘La Diablesa y el fantasma de Fray Nicolás de Bussy’ en tres pases a partir de las seis de la tarde, y por la noche la música a los pies de los monumentos llenará las horas de espera entre las procesiones. El Jueves Santo es un buen día para disfrutar de la gastronomía y el buen ambiente en los bares puesto que el antiguo rezo de ‘las estaciones’ templo por templo se ha modernizado para los más jóvenes con visita a los bares más cercanos a cada iglesia.

Tampoco hay que perderse las retiradas, las de Los Armaos, cada madrugada al acabar la procesión, o la de Nuestro Padre Jesús, al que se despide al ritmo de ‘La Anunciación de la Jota’ en la noche de Viernes Santo, antes de enfilar su vuelta al Convento Franciscano donde permanecerá hasta el año que viene.