Abrir los ojos y encontrarte subiendo un puerto de montaña arriba de la bici es raro. Pero así ha sido nada más dejar el albergue de Cebreros (Ávila) rumbo al Puerto de Arrebatacapas. Doy fe de que hace honor a su nombre, aunque el viento nos respeta más o menos la subida, no como el día anterior. 17 kilómetros a San Bartolomé de Pinares que tardamos dos horas y pico en completar. Un café y el segundo puerto del día. 1.315 metros de altitud y un nombre peculiar. No me habría extrañado que se llamara puerto de las vacas, porque en los pazos más altos pasea tranquilamente el ganado. Sin embargo, El Boquerón, supongo que por una boquera grande, no por el pescado, da nombre al alto que conduce, ya cuesta abajo, a la ciudad de Ávila.

Tan acostumbrados estamos a una imagen concreta de un lugar en particular, que la entrada a la capital abulense me defrauda sobremanera. Ni muralla, ni Teresa de Jesús, ni nada más que edificios de nueva construcción. Hay que cruzar prácticamente al otro lado para ver lo bonito, al menos para ver lo típico, pero lo que nos da la bienvenida en realidad a la ciudad es un ganado de vacas que ha optado por tomar el camino, y si quieres pasar, pues las sorteas.

Hemos dejado atrás, de momento, los montes verdes. La diferencia se nota incluso entre los dos puertos, el de Arrebatacapas con un paisaje más montañés y el del Boquerón, ocre y sin apenas vegetación. Pero Castilla no se abre con su anchura hasta ya bastante dentro de la provincia de Ávila. Siguen las vacas, separadas del camino por un hilo, algún bosquecillo, pero predomina el campo que aguarda labrado a albergar cereal. De entrada en Arévalo un pinar enorme, con sus árboles preparados para recoger la resina. Una etapa, la sexta, de mucho contraste. Tenía ganas de ver el lugar con mucha historia, donde entre otras cosas creció Isabel la Católica y digno de tener una declaración de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, pero el abandono hace mella en sus edificios, muchos a medio derruir, con una plaza mayor tan monumental como deshabitada y que necesita de una gran inversión si es que se pretende salvar algo.