Con los primeros rayos de sol de un sábado de agosto se levanta también la calima que cubre la Sierra de Orihuela. Sabemos que va a hacer calor, y nuestra tierra se comporta dándonos la razón. Las palmeras del camino hacia Benferri nos despiden llorando el peso de sus palmas y la huerta de verano se queda atrás pronto. Abanilla y su paisaje lunar, surcado solo por un oasis que se antoja espejismo al cruzar el Río Chícamo, hacen olvidar en parte que desde la salida pedaleamos en cuesta arriba. Pero la verdadera subida empieza de camino a la Fuente del Algarrobo. Pasados los accesos a Barinas y Macisvenda el terreno apenas da un respiro para volver a subir camino de Pinoso.

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Alberto Aragón

Las viñas, preñadas de uvas dan la bienvenida a un territorio distinto, y presagian que en breve empezará la vendimia. Más viñas en la cuesta abajo que conduce de Pinoso a Yecla, donde empieza la parte más dura de la jornada. El calor (45.7 grados) hace insoportable un terreno fácil salvo en la entrada a Montealegre del Castillo, una etapa que serpentea entre fronteras que se cruzan, las de las provincias de Alicante y Murcia, hasta llegar a Albacete, donde nos adentraremos en territorio manchego. 103 kilómetros para unos, 96 para otros (aunque teniendo en cuenta que mi cuentakilómetros se rompió al tercer día, hay que fiarse de la primera medida).