Miguel Hernández y Josefina Manresa nunca estuvieron en cuerpo en Quesada, Jaén, pero sus almas están unidas para siempre en el primer museo sobre la vida y obra del poeta oriolano en el que cobra especial importancia la figura de la esposa, nacida en este pueblo de seis mil habitantes y que se presenta no ya como musa, sino como custodia, siguiendo los consejos de Vicente Aleixandre, del legado del escritor durante la dictadura franquista y hasta su muerte. La unión de Miguel y Josefina se ve desde la entrada al museo, presidida por un corazón atravesado por una flecha que aparece en muchas de las cartas que el literato le escribió durante sus viajes a Madrid o su estancia en las trincheras en la Guerra Civil. Su relación tuvo luces y también muchas sombras, pero de ella salió un matrimonio que marcó en distintos periodos, en especial la juventud y la estancia en la cárcel, los escritos hernandianos, y que ahora se une en un retiro dorado envuelto de olivares y sierra, aunque en este caso no la de Orihuela desde la que escribió buena parte de su primera producción literaria, sino la de Cazorla. El museo atrapa al visitante desde el minuto uno. En él se descubre la honradez de Miguel Hernández, la realidad de quien escribía lo que veía y que quería vivir todo de cerca para poder plasmarlo en su poesía y en sus crónicas de guerra, precisamente desde la redacción del ‘Altavoz del frente sur’ en la capital jienense.

Orihuela está presente en toda la exposición, desde que un vídeo explica el contexto histórico de las apenas tres décadas de vida de Miguel Hernández. Desde ahí se llega al final del recorrido, la universalización del poeta que fue cabrero en sus inicios y luchador hasta la muerte por mantener la idea de libertad y los postulados educativos de la Institución Libre de Enseñanza de Giner de los Ríos. El museo se estructura en esa evolución a través de los libros. Así, ‘Perito en lunas’ preside la sala dedicada al poeta cabrero, un niño que quería estudiar e ir más allá de lo que le tenía preparado su padre, un trabajo que llevara dinero a la casa. Su paso por las Escuelas del Ave María y su posterior etapa en Santo Domingo avalada por Luis Almarcha, tiempo que acabó pronto, cuando apenas contaba quince años, ante las presiones familiares, pero que no terminó con su ansia por parecerse a los autores de los libros a los que tuvo acceso, la mayor parte de ellos de temática religiosa o clásico.

El poeta enamorado preside el siguiente espacio, y con él aparece Josefina Manresa, la joven costurera a la que cortejaba cuando salía del taller en el que ella trabajaba en la calle Mayor y a la que hizo novia durante una feria de agosto. La temática religiosa empieza a desaparecer y se mezclan los escritos de amor, los poemas que él le dedicaba, los recuerdos de Josefina y el primer viaje a Madrid, donde Miguel Hernández descubre el mundo literario aunque con poco éxito. Las cartas a grandes escritores como Juan Ramón Jiménez, o las escritas por el poeta con membrete de Espasa Calpe, editorial en la que trabajó junto con José María de Cossío en la Enciclopedia de los Toros dan paso al entronque del oriolano con la Generación del 27. Son años malos para la relación con Josefina, con la que no se reconcilió hasta 1936 después de dejarse llevar por las pasiones y la explosión cultural del Madrid de los años 30. El poeta rompe con la iglesia, como se puede leer en el manuscrito de ‘Sonreídme’ y se entrega a la causa de los trabajadores, comienza la poesía social, con un punto de inflezión, ‘La Elegía a Ramón Sije’ para el reconocimiento en los círculos literarios de su obra. En el museo está la carta que Carlos Fenoll envió a Miguel Hernández informándole desde Orihuela de la muerte de su amigo.

‘Viento del pueblo’ o la sala del poeta soldado recrea una trinchera con la que se deja claro que siempre estuvo en la vanguardia, en el frente al que, como indica su carné de alistamiento voluntario, Hernández llegó como zapador. En esta etapa comienza su relación con Jaén, que en cierta manera justifica el interés de esta provincia por hacerse con el legado. En la capital jienense trabaja en un periódico y realiza labores de culturización y propaganda. Desde allí escribe a Josefina y le habla de su casamiento. Esa carta del 2 de marzo de 1937 culmina con la boda en Orihuela siete días más tarde. Ambos se desplazan de nuevo a Jaén, donde su esposa quiere llevarle al pueblo en el que ella nació, Quesada, pero la enfermedad de la madre de ésta lo impide y vuelven a Cox. Se puede leer parte de las memorias de Josefina, de convicciones profundamente católicas, en las que explica lo triste de la boda civil, sin apenas nadie de su familia, y el convite que hizo la madre de su marido en la casa de la calle Arriba a base de arroz y costra.

Importante en este espacio es el poema ‘Aceituneros’, adoptado como himno de la provincia en el 2012 cuando se realizaron las gestiones con la familia para trasladar allí el legado. El viaje de Miguel Hernández a la URSS, sus escritos desde allí, y numerosas fotografías no eluden pararse ante la máquina que usó para confeccionarlos, así como numerosos manuscritos.

La última escena duele desde su primera vitrina, con documentos históricos como el expediente judicial abierto en Orihuela a Miguel Hernández, el expediente 21001 que lo condena a muerte en Madrid, su declaración ante la policía, la sentencia de muerte o su certificado de defunción. El número del periódico ‘El mono azul’ con el que se justificó su ejercicio de propaganda roja en el juicio o la declaración de Juan Bellod Salmerón, oriolano, cargo de falange que defendió e intentó salvar a su amigo de la infancia y que no se incluyó en el expediente. Las cartas desde las cárceles de Madrid, Ocaña, Palencia, desde el Seminario de Orihuela donde también estuvo preso, las placas de identificación de la enfermería de Alicante y tres poemas de este momento: ‘Menos tu vientre’, ‘Llegó con tres heridas’ y ‘Eterna sombra’.

Las últimas cartas desde la prisión, escritas en papel higiénico clarifican lo doloroso de su enfermedad, una tuberculosis que se lo comía por dentro, y que contrastan con la que envió a su madre apenas dos meses antes de morir y en la que le decía que estaba bien pero que no fuera a verlo, que ya iría él a Orihuela en primavera. Los ‘Cuentos a Manolillo’ para que se fuera a dormir, o las ‘Nanas de la cebolla’, todos de esta época dejan patente que nunca faltó la fuerza para escribirle a los suyos y a la libertad hasta los últimos días. En la sala hay una recreación de una celda de Rosal de la Frontera, cárcel por la que pasó, y fragmentos del documental realizado por la Fundación Pablo Iglesias con motivo del centenario del nacimiento de Miguel Hernández donde en formato cómic se explica la obra, se pueden ver aquí.

El ambiente oscuro y tranquilo del museo deja paso a la luz en el espacio final, presidido por un mapa del mundo en el que se muestra la universalización de Miguel Hernández con los lugares en los que se le han hecho homenajes, dedicado calles o colegios, y un vídeo de despedida quiere dejar claro que fue un poeta didáctico como lo es este museo, en cuyas salas hay lugares donde los más pequeños pueden entretenerse haciendo un puzzle con los dibujos de ‘Perito en lunas’, escribiendo en una réplica de la máquina, volteando los retratos de figuras cumbre de la Generación del 27 para descubrir sus biografías o viendo la animación del cuento ‘El potro obscuro’.

EL MUSEO

Zona de acogida. Sentado en un banco con forma de libro, el visitante entra en el contexto de la que fue la realidad hernandiana y los hitos que marcaron su producción literaria.

Perito en lunas. La primera sala se dedica a esa primera etapa de poeta cabrero y a cómo era su vida en Orihuela.

El rayo que no cesa. Muestra la llegada de Josefina a la vida de Miguel y su cambio en la forma de ver la realidad en el primer viaje a Madrid.

Viento del pueblo. Época de poesía social y compromiso con la causa republicana. Matrimonio y nacimiento del primer hijo.

Cancionero y romancero de ausencias. Es la última etapa, marcada por sus estancias carcelarias hasta la muerte en Alicante.

Universalización. Se destaca la trascendencia del poeta después de su muerte y la repercusión de su obra en todo el mundo.