Qué vamos a ver: el cauce de una rambla que discurre por completo por el término municipal de Pilar de la Horadada, creado en el Pleistoceno después de algún episodio que dejó al aire un espacio que fue fondo marino y en el que habitan las numerosas especies que residen en Sierra Escalona, siendo esta zona parte de sus últimas estribaciones.

 

Mapa de la ruta de 3,5 kilómetros. M. B.

Mapa de la ruta de 3,5 kilómetros. M. B.

 

Recorrido: 3,5 kilómetros.

Dificultad: Fácil. Apta para niños y personas mayores. No es accesible.

Imprescindible: llevar repelente de mosquitos y un calzado que agarre para evitar resbalones o caídas.

Zonas de descanso: en el recorrido de 3,5 kilómetros está el Área Natural de Pinar de Campoverde, abierta los fines de semana y entre semana llamando por teléfono y bancos en distintos puntos a su alrededor. En la ruta de 10 kilómetros se encuentran espacios para el descanso y con información sobre la flora y la fauna en Lo Monte y otro área de merendero en Mil Palmeras.

Para comer: Se puede llevar comida y disfrutar de un amuerzo o merienda al aire libre en las zonas preparadas. Si se prefiere comer hay distintos establecimientos hosteleros tanto en Pinar de Campoverde como en Mil Palmeras.

Recomendaciones: Para disfrutar al máximo, lo mejor es hacer el recorrido en silencio para poder escuchar y observar a las numerosas especies animales que habitan en la zona.

Más información: http://www.pilardelahoradada.org/es/areas/medio-ambiente/area-natural-rio-seco

 

Pocas ramblas se conservan con la belleza natural de la de Río Seco, uno de los dos cauces creados por la naturaleza para conducir al mar las aguas provenientes de lluvias torrenciales de Sierra Escalona (más que escasas en los últimos años). La erosión ha creado con el paso de los siglos taludes amarillos de areniscas que sorprenden a quien pasea entre ellas y dan cobijo a numerosas especies animales. Rodeado de explotaciones agrícolas y muy transitada, existen dificultades para mantener el equilibrio necesario para que las especies animales y vegetales que viven en el río se mantengan, aunque hace alrededor de una década se señalizó con dos rutas para el paseo que se han completado últimamente quizá con cierto exceso de cartelería.

Pared rocosa. M. B.

Pared rocosa. M. B.

La más corta y que puede realizarse incluso en verano, puesto que los tarays y cañas que crecen en el cauce aportan cierta umbría, parte de la puerta del Área Natural puesta en marcha por el Ayuntamiento de Pilar de la Horadada, un espacio dotado de zona de mesas y bancos abierto durante los fines de semana y solo si antes se llama por teléfono entre semana. Está en la urbanización Pinar de Campoverde. Desde ahí se inicia un recorrido de en torno a tres kilómetros que arranca a unos metros del antiguo quemadero de podas, convertido en un parque de visita muy recomendada, en el que conocer de antemano las especies arbóreas y de matorrales que se encontrarán después en el recorrido. Algarrobos, pinos, higueras, tarays, lentiscos, hinojos, romeros o cañas son solo algunos de ellos, entre los que se esconden a las pisadas aves, mamíferos y reptiles que habitan el cauce, desde el gorrión al águila o el búho real, culebra bastarda y un sinfín de lagartos e insectos de todo tipo. Eso sí, sobre todo si se va en verano es recomendable usar un repelente que evite las picaduras de mosquito puesto que en algunas zonas hay agua encharcada.

El paseo por el monte se inicia conforme se pisa la tierra arenisca que se encuentra en casi todo el recorrido. Es tan fina que suele resbalar, por lo que es recomendable usar un calzado que tenga un buen agarre para evitar torceduras o caídas. La flora crea pasillos por los que caminar a la sombra y se ven las primeras paredes erosionadas, más bajas que las que se abre pocos metros después de pasar un camino que conduce a una finca, la primera intersección que se encuentra en este recorrido. Una pequeña curva oculta los impresionantes taludes que aprovechan las aves, sobre todo las palomas torcaces, para pasar el verano. Si se pasa a primera hora de la mañana y en silencio se puede ver el espectáculo de pájaros saliendo del cobijo. Esta abertura de la rambla da pie a seguir adelante, donde las paredes crean un cañón que hace olvidarse de que apenas a unos metros hay fincas agrícolas y hacia el otro lado las cientos de viviendas de Pinar de Campoverde, una urbanización que creció de forma considerable durante el ‘boom’ urbanístico.

De vez en cuando una parada ayuda a escuchar al Río Seco, que suena a mecer de cañas cuando el viento pasa entre ellas y a canto de chicharras durante el verano. Las señales llevan por pasarelas de madera que evitan pisar las zonas donde hay más humedad (aunque algunas de ellas necesitan cierto mantenimiento) y se llega a otra intersección. En este caso toca elegir seguir hacia Pinar de Campoverde por la ruta más corta o continuar hasta la desembocadura de la rambla en la playa de Mil Palmeras. Este segundo recorrido es mejor reservarlo para las estaciones más frescas, puesto que los taludes se terminan y la rambla se abre dejando sin resguardo a quien la recorre. Desde el punto de partida hay diez kilómetros para completarlo.

 

Escalones durante el recorrido. M. B.

Escalones durante el recorrido. M. B.

 

Antes de continuar hacia Pinar de Campoverde se ha señalizado en ese cruce el relieve de Pegaso, el caballo alado que según la mitología era propiedad del dios Zeus, tallado por el escultor pilareño Manuel Ribera Girona a mitad del siglo pasado. Si no se sabe dónde está pasa desapercibido, y para evitarlo se ha colocado un cartel que lamentablemente ha propiciado que muchos ‘no artistas’ hayan aprovechado para dejar su firma en la roca. Conforme sigue el recorrido el paisaje se vuelve algo más agreste puesto que está menos transitada, sobre todo por bicicletas. Es el lugar donde hay algo más de dificultad de la ruta, pero con el calzado adecuado no presenta ningún problema ya que incluso hay esculpidas en la roca varios escalones que permiten salvar los desniveles sin ninguna dificultad.

A apenas unos doscientos metros termina el recorrido por la naturaleza para dejar paso al asfalto de una de las carreteras que entra a la urbanización y el paseo debe continuar por él hasta volver al área natural o bien deshacer lo caminado y disfrutar de nuevo de lo que esconde esta rambla, parándose quizá en observar en silencio las madrigueras de los conejos o el vuelo de algún ave.

Taray. M. B.

Taray. M. B.