El Embalse de La Pedrera es una de las infraestructuras hídricas más importantes de la Vega Baja, una lámina de agua azul que irrumpe en los montes secos que rodean la Rambla Alcorisa que el pantano se encarga de cerrar. Es una fuente de vida, la casa de multitud de aves, da de beber a varios pueblos de la Vega Baja y sobre todo riega el Campo de Cartagena. En la actualidad, el embalse no pasa por su mejor momento, está al 26% de su capacidad según datos de fecha 12 de octubre de 2017 de la Confederación Hidrográfica del Segura, y precisamente por eso permite pasear por lugares por los que hace años no ha pisado nadie, aunque hay que tener mucho cuidado con el suelo embarrado y demasiado seco en los puntos más cercanos al agua.

Se construyó en 1980 y las últimas obras a las que se ha sometido son las que lo conectan con la desalinizadora de Torrevieja, que eleva agua dieciséis kilómetros mar adentro para aportar algún caudal a un embalse que está cada vez más seco.

Por él se puede pasear en bicicleta, una ruta cómoda y con grandes vistas subiendo hasta La Pedrera por Bigastro o Jacarilla y rodeándolo por carretera en dirección a Torremendo o por caminos hacia la urbanización Vistalagos, mirando ya hacia San Miguel de Salinas. Precisamente desde la pedanía oriolana de Torremendo la sequía permite el paseo por la antigua carretera de Lo Rufete. Parada obligatoria es la zona donde la desalinizadora vierte su agua dulce y clara, un cauce donde hay quien no duda en pegarse un baño, aunque no está permitido en todo el embalse, porque aunque el agua se vea mansa, el fondo fangoso es verdaderamente peligroso.

La Pedrera ha sido escenario en diversas ocasiones de simulacros de emergencias, el último hace apenas un año, y es escenario cada vez de más paseos de gente de la zona que no pierde la oportunidad de disfrutar de un espacio singular, un humedal en medio del secano.