Vega porque la baña el río, Baja porque en ella el Segura da sus últimos coletazos antes de morir en el Mediterráneo tras un recorrido de 325 kilómetros desde su nacimiento en Jaén. La comarca no sería tal sin su río, una columna vertebral de la que surgen las ramificaciones creadas hace siglos por los árabes, laberínticas como también lo eran las tramas de sus ciudades, en forma de acequias y azarbes. Estos canales llevaron el agua, la vida, a las poblaciones que poco a poco aparecieron en torno al cauce, y tal cual como entonces el reparto de las aguas se realiza con equidad desde los juzgados creados para esta labor (el de Orihuela fue creado a mitad del siglo XIII por Alfonso X El Sabio). Si entonces el río fue determinante para que crecieran las cosechas hoy lo es también para contar con un itinerario de alto valor ecológico. Las actuaciones encaminadas a recuperar el entorno del Segura han dado como resultado un corredor verde que permite recorrer la comarca por la orilla del río y llegar incluso a la capital murciana. La mota donde crece vegetación de ribera (las palmeras cayeron presa del picudo rojo), está salpicada de sotos que con mayor o menor acierto conservan sus respectivos ayuntamientos, permiten el paseo a pie o en bicicleta, el descanso, una comida al fresco o una siesta a la sombra. En distintos puntos se pueden encontrar construcciones típicas como molinos, norias, cenias o puentes como el de Carlos III en Rojales, construido en el siglo XVIII durante el reinado de este monarca.