Con los ojos abiertos y llenos de la luz con la que la primavera inunda a Orihuela por estos días la ciudad conmemora hoy el 75 aniversario de la muerte de Miguel Hernández. Ese momento, donde se juntaron la vida y la muerte en el reformatorio de adultos de Alicante debió discurrir con menos claridad de la que él reflejó en sus versos llenos de libertad pese a haberse escrito en ocasiones desde la cárcel. Al poeta, los ojos le fundieron a negro de madrugada y la noticia no llegó a su pueblo hasta días después, en plena celebración de la Semana Santa. Quienes le acompañaron dijeron que murió como dormía, con los ojos abiertos.

Su amigo Pablo Neruda lo dijo, que al autor de ‘Perito en Lunas’ había que recordarlo a plena luz. Bastante tiempo ha pasado entre las tinieblas en las que sigue rondando el expediente 21.001 cuyo archivo no han logrado los herederos para, al menos, reparar en parte su memoria.
 
Con los ojos abiertos lo recordamos muchos, con los que enfilaremos la cuesta arriba que llega al barrio de San Isidro de Orihuela este fin de semana para disfrutar de una nueva edición de sus murales, una excusa para pasear por sus escarpadas callejuelas llenas de escalones entre botes de pintura y obras de arte que comenzaron a pintar de colores el barrio en el Homenaje de los Pueblos de España a Miguel Hernández en 1975. Una de las primeras veces en las que, en España, se devolvió a la luz su obra y por supuesto, su figura.